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La edad, ¿es un criterio REAL de exclusión?

En nuestra sociedad, la edad mínima para trabajar es 16 años mientras que la edad máxima es de 67 años. Dentro de una vida laboral hay multitud de cambios; se cambia de empresa, de empleos y hasta de localizaciones, pero en los últimos tiempos conseguir trabajo para alguien mayor de 50 años se ha convertido en una odisea. Es uno de los cambios más destacados y más desdichados en la sociedad actual.

La edad puede suponer un criterio de exclusión de una gran cantidad de profesionales que, debido a su experiencia, podrían mostrar el mismo o incluso mejor rendimiento que muchos de los candidatos que terminan siendo contratados o que estén actualmente trabajando. Todo esto genera unas barreras muy difíciles de superar y que producen una gran desazón sobre la persona, afectándola psicológicamente de manera grave.

Teóricamente está en los derechos de un trabajador no ser discriminado por razones de edad, pero en la práctica la realidad es que las empresas cada vez le dan menos valor al empleado más experimentado en detrimento del más joven. En ocasiones, esta preferencia tiene que ver simplemente con la imagen de marca que esta empresa quiere exportar, una imagen jovial, de empresa en crecimiento, con ganas y una formación puntera, en definitiva, características que ya no se atribuyen a los trabajadores más veteranos.

Muchas empresas no quieren tener a ningún empleado por encima de los 50-55 años. Por eso, cuando los profesionales se acercan a esa edad comienzan a sufrir en silencio. Saben que buscar trabajo después de ciertos años es difícil, casi imposible. Sea como fuere, la realidad es que el trabajador desempleado de más de 50 años va a tener muchas dificultades para encontrar otro empleo, puede que incluso no lo consiga.

Entre los argumentos esgrimidos por parte de algunas empresas o algunos miembros de estas empresas para no contar con personal veterano, destaca el pensamiento, más o menos generalizado, de que estos trabajadores rechazan y no se adaptan a los cambios en la empresa, que no les gustan o entienden las nuevas tecnologías, que son muy caros de mantener o que no están motivados o que son difíciles de dirigir. En definitiva, ya están “amortizados” y “obsoletos”.

La reinvención y saber explotar las habilidades y capacidades que dan la experiencia, además de su trasmisión a otros compañeros, son las herramientas que tienen a su disposición los más veteranos para hacer valer todo su potencial, tanto aquellos que trabajan en una entidad como los que están en situación de desempleo.

Los seleccionadores de personal de las empresas harían una gran labor si se desprenden de ese prejuicio contra la edad a la hora de realizar los procesos de selección y entre todos darle valor a la experiencia de un trabajador más veterano, que por circunstancias se ha quedado desempleado, mayor no significa acabado.

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