Cuando una empresa se plantea lanzar una nueva tecnología al mercado, siempre aparecen las mismas preguntas sobre su TRL o nivel de madurez tecnológica:
“¿Está esto suficientemente maduro?”, “¿Es muy pronto para ir a mercado?”, “¿En qué fase me van a financiar los organismos públicos?”
La respuesta a todas ellas suele pasar por una misma herramienta: los TRL, Technology Readiness Levels. Esta escala, adoptada por la NASA y extendida después a la Comisión Europea, sirve hoy como lenguaje común para hablar del estado de desarrollo de una tecnología, tanto en proyectos internos como en convocatorias públicas de I+D+i.
En este artículo veremos qué son los TRL, cómo se estructuran, de dónde vienen, por qué son importantes y cómo se utilizan en las ayudas públicas para proyectos de I+D+i.
Qué son los TRL o niveles de madurez tecnológica
Los Technology Readiness Levels son una escala del 1 al 9 que permite medir el grado de madurez de una tecnología. En el nivel 1 nos movemos en investigación básica, y en el nivel 9 hablamos ya de una solución probada y operando en condiciones reales.
Lo importante de los TRL es lo que implica:
- Qué evidencias técnicas existen ya.
- Qué tipo de actividades tocan a continuación.
- Qué riesgos se asumen si se quiere ir a mercado o pedir financiación.
De esta forma, los TRL permiten que empresas, centros tecnológicos, administraciones y financiadores hablen el mismo idioma cuando discuten el estado de un proyecto.
Origen de los TRL: de la NASA a Horizon Europe
La escala Technology Readiness Levels nace en la NASA en los años 70, como herramienta interna para medir si una tecnología estaba lista para formar parte de una misión espacial. Allí se formalizó una escala que definía, de manera bastante clara, qué significaba pasar de una simple idea a un sistema operativo en el espacio.
Con el tiempo, el concepto se extendió:
- El Departamento de Defensa de Estados Unidos empezó a utilizar los TRL para la adquisición de tecnologías de alto riesgo.
- La Agencia Espacial Europea (ESA) los adoptó para sus propios programas espaciales.
En 2010 la Comisión Europea recomendó el uso de TRL en los proyectos de I+D financiados con fondos europeos, y desde 2014 se incorporaron de forma sistemática en los programas de trabajo de Horizon 2020 y hoy en Horizon Europe.
Además, la escala se recogió en la norma ISO 16290:2013, lo que terminó de consolidarla como estándar internacional de referencia en madurez tecnológica.
Es decir, lo que empezó siendo una herramienta para misiones espaciales se ha convertido en una pieza clave para evaluar proyectos de I+D+i en todo el mundo.
Niveles de TRL
La escala más utilizada, tanto por la Comisión Europea como por muchas agencias nacionales, define nueve niveles de TRL. De forma simplificada, se pueden entender así:
TRL 1 – Principios básicos observados
Se investigan principios científicos fundamentales. Todavía no hay una aplicación concreta, pero se genera conocimiento base.
TRL 2 – Concepto tecnológico formulado
A partir de esos principios, se identifica una posible aplicación. Hay una idea de tecnología, pero sin pruebas todavía.
TRL 3 – Prueba de concepto experimental
Se realizan experimentos de laboratorio para demostrar que la idea puede funcionar. Es la típica “proof of concept”.
TRL 4 – Validación de componentes en laboratorio
Se integran componentes básicos y se validan en un entorno controlado. La tecnología empieza a tomar forma.
TRL 5 – Validación en entorno relevante
Los componentes o prototipos se prueban en un entorno que se parece al real (piloto, entorno preindustrial, etc.).
TRL 6 – Demostración de sistema o subsistema en entorno relevante
La tecnología se integra en un sistema o subsistema operativo y se prueba en condiciones relevantes para su futuro uso.
TRL 7 – Demostración de sistema en entorno operativo real
Se realiza una demostración en condiciones reales de operación. Es un piloto a escala casi real o real.
TRL 8 – Sistema completo y cualificado
El sistema ya está completo, ha superado pruebas formales y está listo para su despliegue comercial.
TRL 9 – Sistema probado en operación real
La tecnología se utiliza en operaciones reales, en clientes o usuarios finales. Ha demostrado su fiabilidad y rendimiento en el día a día.
Visto así, la escala TRL no es solo un número: es una historia del viaje de tu tecnología, desde los primeros experimentos hasta su implantación real.
Ventajas de conocer el TRL de tu tecnología
Calcular de forma honesta el TRL de tu proyecto aporta varias ventajas muy prácticas:
- Alinea expectativas dentro de la empresa. Ayuda a que dirección, equipo técnico y área de negocio tengan la misma foto de la realidad. Evita pensar que estáis “a las puertas del mercado” cuando todavía estáis en pruebas de laboratorio.
- Guía la planificación técnica. Saber en qué Technology Readiness Levels estás indica qué toca ahora: más experimentación, prototipado, escalado industrial, pruebas con clientes, etc.
- Ayuda a gestionar riesgos. Un nivel bajo implica incertidumbre técnica alta. Un nivel alto desplaza el riesgo hacia el mercado, la competencia o el modelo de negocio. Cada fase requiere decisiones distintas.
- Facilita el acceso a financiación pública. Muchas convocatorias exigen un TRL de partida y uno de llegada. Si sabes dónde estás, es más fácil identificar las ayudas que realmente encajan con tu proyecto.
- Mejora la comunicación con socios e inversores. Explicar que tu tecnología está en TRL 3 o en TRL 7 da información muy concreta sobre el tipo de evidencias disponibles y el camino pendiente.
En resumen, los TRL convierten conversaciones difusas sobre “cuán madura está nuestra tecnología” en decisiones más objetivas.
Cómo puede ayudarte IDavinci con los TRL y la financiación de tu I+D+i
En IDavinci trabajamos cada día con pymes y empresas innovadoras que se hacen las mismas preguntas:
“¿Mi proyecto es realmente I+D?”, “¿Qué TRL tengo?”, “¿Puedo optar a esta ayuda?”, “Cómo combino deducciones, bonificaciones y subvenciones?”.
Te ayudamos a:
- Diagnosticar el nivel de madurez real de tu tecnología, identificando las evidencias que ya tienes y las brechas que faltarían para avanzar.
- Elegir las convocatorias de I+D+i más adecuadas según tu nivel de madurez tecnológica y tus necesidades de financiación.
- Diseñar un plan de evolución de TRL que conecte la parte técnica con la estrategia de negocio y el acceso a ayudas públicas.
Si estás trabajando en una nueva tecnología y no tienes claro en qué punto de madurez estás ni qué pasos dar a continuación, podemos ayudarte a ordenar el mapa y a tomar decisiones con criterio.
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